viernes, agosto 24, 2007
Los rayos del sol se estrellan contra las ventanas del carro y traspasan el vidrio calentado nuestros cuerpos. Sobran las casacas y chompas. El sol me regala el calor que tanto anhelaba. Llevamos dos horas de viaje y el camino sin asfalto empieza a hacer de las suyas. Volver mis ojos al paisaje que tengo a mi costado me hace olvidar eso y más. Interrumpimos el paso lento de un rebaño de ovejas que buscan rápidamente enfilarse a los costados de la carretera. Sentimos interrumpir su faena sr. pastor, estamos sólo de paso. Busco dormir y no encuentro la posición adecuada. Ni mi casaca hecha un rollo puede hacer bien el papel de almohada ni el asiento del carro las veces de cama. Tengo a mi costado a mi primo que canta y habla, habla y canta y me dice que hablemos de algo, que cantemos...porque sino empiezo a pensar y pensar me estressa. Será mejor entonces conversarle de algo, reírme de sus chistes aunque me los sepa de memoria, tratar de tararear con él alguna canción, porque el niño de 14 años está en plena crisis de amor de adolescente, el niño no quiere pensar en la niña, porque estressa pensar en esas cosas, porque estressa pensar en el primer amor....



Parece que llegamos...hay que buscar un sitio para comer...el viaje ha sido pesado y ya "hace hambre". El chofer recorre los restaurantes preguntando por almuerzo. Que ése no se ve bien, que en éste no hay comida, que mejor el de acá donde dicen que nos pueden preparar algo pero tendremos que esperar. Y mientras esperamos recorremos el pueblo que como todo lugar chiquito tiene su encanto. Una placita acogedora con figuras de bronce que representan a diablos, diablas y demás danzarines que todos los quinces de julio se disponen a bailar por tres días por la "mamacha Carmen". Son promesas que se hacen a la mamacha.





Vamos a la iglesia, vamos a ver a la mamacha Carmen, que es milagrosa...Y como salido de abajo de la tierra aparece un hombrecito que nos abre las puertas de la iglesia. Que hay que pedir tres deseos cuando entras por primera vez a una iglesia. Bueno pues que sean tres o mejor uno elevado al cubo, para no darle tanto trabajo al que ya trabajo es lo que menos le falta. Y ahí estamos frente a ella, creyentes, devotos, no tan creyentes y no tan devotos. Rezando o haciendo que rezamos, pidiendo un milagro, quizás algo bien terrenal, bien mundano o quizás algo celestial. Nosotros tan mortales, ella tan divina, nosotros tan poco arreglados, ella vestida como para una fiesta, con traje de reina. Y es que ella así lo es para el pueblo. Toda una reina.



Volvemos a donde está toda la población reunida, como una feria dominical sólo que no es domingo y tampoco es feria, es el mercado de siempre. Y me dedico a observar a la gente. Van a paso lento, con unas caras envidiables, no tienen la bulla ni la humedad de la ciudad en sus cabezas. Una pequeñita en la espalda de su madre. Uno disfrutando el paseo en carretilla. Nayelly y Celeste viendo "El Señor de los Anillos" en un televisor comunitario, una niña feliz por el helado de 10 céntimos que su papá le compró y el heladero galáctico que disfruta al mover una espuma rosada al que llama "helado".



El chofer nos avisa que el restaurante que buenamente se ofreció a darnos almuerzo ya lo tiene listo. Y todos comemos como si no lo hubiéramos hecho en días. En poco tiempo ya estamos listos para continuar con el viaje. Dejamos Paucartambo con la promesa de volver pronto y ver esa salida del sol que dicen que es inexplicable en palabras. Algún día será éste el destino, ahora sólo ha sido una corta parada.


 
posted by Carmensi at 7:45 p. m. |


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