jueves, junio 14, 2007
Cuando llegas a este mundo sabes que en algún momento partirás, sabes que tu paso por aquí puede ser corto o largo, sabes que sólo estás de paso....
Mi abuelo partió hace un mes, fueron 95 años aquí en la tierra. Lo conocí en sus últimos 22 años, conocí a un hombre que había vivido por sus ideales, al que estudió parte de su carrera en Chile y regresó al Perú con los mejores recuerdos del país vecino, al médico que no cobraba ni a ricos ni a pobres, al médico enamorado hasta sus últimos días de la enfermera(mi abuela) 15 años menor que él, al hombre que nunca se quejó de dolor pero curaba todos los dolores de esta casa.
Recuerdo las tardes de verano cuando tenía 8 años y él nos acompañaba a montar bicicleta por el parque. Mi hermana y yo siempre fuimos sus bebitas. Nunca quiso que salgamos solas y sufrió cuando nos vio grandes y vio que ya éramos todas unas mujeres que caminaban solas por las calles de una Lima que el desconocía.
De niña quería ser médico, como él. Pasaba horas jugando con los bajalenguas, el recetario, el sello, los remedios y demás instrumentos que abundaban en el consultorio. Él me decía que con todos los libros sobre medicina que tenía yo ya no tendría que comprar nada. Creo que su sueño siempre fue que yo estudie medicina y fue feliz durante el tiempo que yo lo quise ser. En algún momento algo cambió en mí y de pronto no me gustó ver más un bisturí y menos una parte del cuerpo abierto por ese cuchillo. De pronto me erizaba ante una aguja que traspasaba mi piel y al ver sangre el miedo me paralizaba. Entonces descubrí que no quería ver heridas ni cuerpos por reconstruir ni remedios por recetar. Mi camino estaba por otro lado y mi abuelo lo comprendió, él era feliz si me veía feliz a mí.
Lo recuerdo sentado junto a la ventana de su cuarto, observando el parque, leyendo su periódico, tranquilo, planeando el viaje a su natal Ica, viaje que no pudo realizar. Le dí un beso cuando se lo llevaron al hospital, sudaba frío y respiraba con dificultad. Le detectaron neumonía. Unos días después, durmiendo, su corazón dejó de latir.
 
posted by Carmensi at 7:31 p. m. |


1 Comments:


At 2:44 p. m., Blogger Natalia - Lucía

Mi niña creo que cuando yo pase esto que has pasado tu era muy chiquita par comprenderlo o muy grande para analizarlo, es muy cierto lo que dices al inicio de tu entrada todos llegamos a este mundo sabiendo que tenemos que partir... lo importante es que hagamso algo por el, lastima que no conoci a tu abuelito, pero por lo que puedo leer fue un homber de principios y enamorado de esa hermosa carrera de servicio que es la medicina, además tiene en ti en ti su reflejo, debe sentirse orgulloso de su nieta, asi como yo me siento orgullosa y feliz de tenerte como amiga, lindo volvernos a encontrar amiga, creo que hay que hacerlo mas seguido antes de esperar de que una de nosotras venag de nuevo o se vaya, un beso niña.