El agua helada sobre mis manos me llevó hacia atrás en el tiempo. Casi exactamente un año. En la misma casa estábamos las cinco planeando qué haríamos en una semana que cada vez se nos hacía más corta. Algunas pisaban por primera vez esta "tierra santa" como yo la llamo. Pronto quedarían hechizadas por sus estrechas callecitas, el inverosímil paisaje, el encuentro de los mundos o simplemente porque lo que se vive acá como un hippie de la plaza me dijo:
"...es locazo...". Ahora estoy aquí de vuelta por sexta vez. Será que cada vez le encuentro un nuevo atractivo, será que uno siempre vuelve a sus raíces, o será que alguien me espera acá lo cierto es que no me canso y no me cansaré de venir. Esta vez somos sólo tres y estamos una vez más almorzando en el mismo restaurante de Plateros - y es que hasta las calles tienen nombre de leyenda-.El dueño, un viejito bonachón y dueño también de una gran barriga, se despide con una sonrisa y un:"Bienvenidas al Cuzco". No tenemos un itinerario. Ver pasar las horas hasta perder la noción del tiempo sentadas en algún lugar de la plaza bajo el cielo despejado y con el sol que me fascina parece ser un buen plan. La consigna sólo es el relax. Pronto, la noche nos advierte que es tiempo de ir a poner un poco de color en los ojos y brillo en los labios. Aquí, aparte de que todos los días son de sol, también son de fiesta!!!